domingo, 1 de septiembre de 2013

bofetón


Unos días después de aquella madrugada interminable comencé a recuperarme lentamente del bofetón que me llevó a pensar en la estúpida idea de terminar con mi vida. Poco a poco me volvieron las ganas. Creo que fue  especialmente por haber tenido el coraje de despedir al cafiolo y empezar a vivir en paz. Lo hice con tono de locutora, con palabras para la ocasión y sin una lágrima, obvio.
Como me habían despedido del cargo que había ocupado por más de quince años, comencé a buscar laburo y lo encontré en la  pizzería Zapiola después de pasar cinco pruebas de amasado en diferentes locales del centro.  Amasar no es el sueño del laburo ideal pero descubrí que me provoca un gran alivio meter las manos en el pegote de harina, aceite y agua.
Me salen unas masas espectaculares. El toque está en los minutos previos al calce dentro de la pizzera engrasada. Abofeteo la masa pensando en todas las esquinas de todos los barrios donde alguna vez alguien palideció por la sorpresa de una deslealtad.Y dale, le doy y le doy. Transpiro, puteo, me curvo, carraspeo en cada golpe, pongo el óvalo delante de mi cara y dale, le doy y le doy.
Ya vinieron a sacarme fotos porque la pizza se está haciendo famosa en Buenos Aires. Algunos quieren conocer el secreto del punto justo porque jamás se probó algo semejante. Ni yo lo imaginaba. De la alegría empecé a escribir un diario.

21 de julio de 2001

Ayer me llamó el patrón. Quería cambiar la carta de pizzas, hacer una más moderna con fotos de mis manos en la masa. No pude contener la carcajada.
-Ya que estamos, le dije, déjeme ponerle el nombre a la especial de la casa.
-Dele nomás. ¿Cuál le parece ?
-Bofetón.

9 de septiembre de 2001

El negocio va cada vez mejor. Pasé a dirigir la cadena de franquicias “Bofetón”. Viajo una vez por mes a distintas ciudades para abrir una sucursal más en cada viaje y dar una clase magistral a los  maestros pizzeros, los únicos que conocen mi secreto.

9-9-07


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