domingo, 1 de septiembre de 2013

nueve crímenes



Murieron nueve mujeres.
La primera se llamaba
Sensualidad.
Ella sabía evaporarse
y volver a encarnarse.
La apuñaló la burla
en el preciso centro
de su dulce delirio.

La segunda se llamaba
Confianza.
Ella sabía dormir
con un respiro
hondo y sereno
que se llenaba de galaxias nuevas
bien  demarcadas.
La raptaron las mentiras
y  ahora está desaparecida.

La tercera se llamaba
Esperanza.
Tenía los ojos chispeantes
y un corazón
de latidos sonoros
e   interminables.
La dejó ciega
la daga incandescente
del maltrato sistemático.

La cuarta se llamaba
Cotidianeidad.
La estrangularon
a la hora
de jugar con los hijos
e  inventar y reinventar.

La quinta se llamaba
Serenidad.
La ahogaron
de común acuerdo
el capricho revoltoso,
la intriga tejida
silenciosamente
y el perseverante río
del   objetivo perverso.

La sexta se llamaba
Unidad.
La ametralló la sospecha
con su intermitente carraspera
rebotando en los pasillos
y en las almohadas.

La séptima se llamaba
Alegría.
Le inyectaron periódicamente
pequeñas gotas de desilusiones
y de gritos
sin   porqués.

La octava se llamaba
Maternidad.
Hacharon su virtud
temporal
el desamor,
los  celos y el abandono.

La novena se llamaba
Cordura.
La incendió
en parte
el parloteo estéril
casi  sin fin.

Es muy bueno saber
que la décima escapó
del cuchillo,
del rapto,
de la daga,
de la soga,
del agua,
de las balas,
del veneno,
del hacha
y del fuego.

Terminó de sollozar
mientras cambiaba
sus   ropajes antiguos.
Se llama
Fortaleza.

15-10-03






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