domingo, 1 de septiembre de 2013

primer desafío


Todo comienza la noche anterior, cuando colocamos la aguja del reloj en ese implacable número seis y con un toque del dedo índice  sellamos el pacto con la alarma que obedientemente sonará después de las cinco y cincuenta y nueve.
Si ya pasamos más de veinte años repitiendo el mismo ritual y nos asusta un poco el pensar en que tenemos por delante otros diez, pondremos a prueba todo lo que aprendimos sobre el pensamiento positivo como para intentar vencer ese suave vértigo matinal. Nos apropiaremos de cada frase recordada, como nos apropiamos del cepillo de dientes y  de la pasta dentífrica, del champú y del toallón.
Repetiremos como un mantra “estamos vivos”, “ no me duele la muela”, “ faltan cuatro días para el sábado”, “ qué bien la voy a pasar en enero”, “ya no nos gobierna la junta militar”. Sí, el secreto está en repetir cada una, desde el primer movimiento de nuestra mano  cuando se estira para interrumpir el  sonido del despertador.
Depende mucho de nosotros mismos cuánto puede durar esa conversación íntima realizada con los ojos semiabiertos y mientras deambulamos lentamente por la casa hasta despabilarnos.
La cafeína, la teína o la mateína podrán darnos el toque clave para alcanzar definitivamente la sintonía de las ganas. Ni hablar de la tostada con mermelada de frambuesas.
A esa altura del amanecer ya podríamos entusiasmarnos con la idea de que pronto haremos algo que realmente nos gusta, aunque no sea lo que disfrutamos cuando estamos plenamente libres de responsabilidades Quizás el día también pueda  depararnos algún encuentro significativo.
Vestidos, perfumados, maquillados o no, con los documentos en algún bolsillo y algún dinero para gastar, finalmente estaremos listos para poner la llave en la puerta, girarla hacia la derecha, sacarla y hacer un paso corto hasta cruzar el invisible límite entre el  adentro y el afuera.  Daremos media vuelta, volveremos a colocar la llave, a girarla pero ahora hacia la izquierda y a desprenderla de la cerradura. La guardaremos en la cartera o la colgaremos del cinturón y estará con nosotros durante toda la jornada como testigo de la primera hazaña realizada, del primer desafío logrado, del primer trayecto recorrido en ese nuevo día de caminantes, misteriosa oportunidad escondida y lista para ser descubierta.

17-6-07




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