Todo comienza la noche anterior, cuando
colocamos la aguja del reloj en ese implacable número seis y con un toque del
dedo índice sellamos el pacto con la
alarma que obedientemente sonará después de las cinco y cincuenta y nueve.
Si ya pasamos más
de veinte años repitiendo el mismo ritual y nos asusta un poco el pensar en que
tenemos por delante otros diez, pondremos a prueba todo lo que aprendimos sobre
el pensamiento positivo como para intentar vencer ese suave vértigo matinal.
Nos apropiaremos de cada frase recordada, como nos apropiamos del cepillo de
dientes y de la pasta dentífrica, del
champú y del toallón.
Repetiremos como un mantra “estamos vivos”,
“ no me duele la muela”, “ faltan cuatro días para el sábado”, “ qué bien la
voy a pasar en enero”, “ya no nos gobierna la junta militar”. Sí, el secreto
está en repetir cada una, desde el primer movimiento de nuestra mano cuando se estira para interrumpir el sonido del despertador.
Depende mucho de nosotros mismos cuánto
puede durar esa conversación íntima realizada con los ojos semiabiertos y
mientras deambulamos lentamente por la casa hasta despabilarnos.
La cafeína, la teína o la mateína podrán
darnos el toque clave para alcanzar definitivamente la sintonía de las ganas.
Ni hablar de la tostada con mermelada de frambuesas.
A esa altura del amanecer ya podríamos
entusiasmarnos con la idea de que pronto haremos algo que realmente nos gusta,
aunque no sea lo que disfrutamos cuando estamos plenamente libres de
responsabilidades Quizás el día también pueda
depararnos algún encuentro significativo.
Vestidos, perfumados, maquillados o no, con
los documentos en algún bolsillo y algún dinero para gastar, finalmente
estaremos listos para poner la llave en la puerta, girarla hacia la derecha, sacarla
y hacer un paso corto hasta cruzar el invisible límite entre el adentro y el afuera. Daremos media vuelta, volveremos a colocar la
llave, a girarla pero ahora hacia la izquierda y a desprenderla de la
cerradura. La guardaremos en la cartera o la colgaremos del cinturón y estará
con nosotros durante toda la jornada como testigo de la primera hazaña
realizada, del primer desafío logrado, del primer trayecto recorrido en ese
nuevo día de caminantes, misteriosa oportunidad escondida y lista para ser descubierta.
17-6-07
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