Nadie sabe que vivo en esta secuoya y nadie lo sabrá, salvo ustedes que hoy quisieron pasear por este bosque.
El guarda parques los habrá invitado a rodearme con sus brazos, como
jugando a la ronda sin cantar.
No lo sugirió, pero ustedes quedaron en silencio escuchando un latido
lento y cavernal, lleno de cascadas y de pájaros dormidos.
Al contar la cantidad de manos que se extendieron para
abrazarme quedaron sorprendidos.
Algo les dijo que este tronco es más que madera antigua, más que savia
densa, más que follajes renovados en cada primavera desde hace varios siglos.
Comprendieron que hay mucho más que números de años y de metros, mucho más que
sobrevivir a incendios, talas y vendavales.
Ahora entienden que también son parte de este árbol, de sus marrones,
rosas y verdes.
El abrazo es maravilloso. Puedo vivir en madera propia sus silencios.
Descubro sus ramas de carne tibia y desde el follaje miro sus ojos cerrados
descubriendo que ya no hay tiempo, ni
bosque, ni vidas diferentes.
14 -04- 2007
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