-¿Jugamos a las
escondidas?
- Dale
Los troncos de los
plátanos de la calle Peña se parecen a
los de los arrayanes pintados en el
cuento de Blancanieves.
Dos veredas
arboladas, zaguanes, pasillos y puertas entreabiertas. Cuatro esquinas dan a
las únicas dos calles empedradas del pasaje
Bollini. Una llega adonde el paredón del Hospital Rivadavia pone fin a ese
paisaje de principios del siglo XX y
otra termina en donde se hace la feria
los martes y los jueves.
-
¡Piedralibreparatodosmiscómm pañeros!
-No hagan trampa.
Están espiando. Mejor si yo les tapo los ojos.
Es el papá de
Liliana que volvió de la municipalidad
a las cinco de la tarde. Su mujer es modista y tiene las nalgas muy
prominentes por estar sentada tanto tiempo frente a la máquina de coser, a veces hasta las doce
de la noche. Liliana tiene sus mismos ojos verdes y está orgullosa de que su
papá juegue con sus compañeros del barrio y de la escuela.
-Uno, dos, tres...
Todos corren
tratando de no hacer ruido.
Las nubes corren
también en silencio y el sol va palideciendo hacia el lado de la penitenciaría.
-Noventa y nueve,
CIEEEN.
Un nene grita el
cien como con un desgarro en la garganta.
Los chicos y las
chicas van apareciendo por detrás de los
árboles, dan un salto corto desde los umbrales, doblan en las esquinas.
-Piedralibreparatodosmiscómmm pañeros.
Y el juego vuelve a
empezar.
Para que los chicos
no espíen mientras cuentan, el papá repite: - No hagan trampa. Mejor que les
tape los ojos.
El papá de Liliana entrecruza los dedos de sus
manos y forma como una canasta a la
altura de su ombligo; en esa concavidad los chicos que cuentan apoyan sus
frentes y sus ojos cerrados.
Malena comienza a
contar y cerca del número cincuenta su
corazón se acelera cuando siente que una
de las manos del homrbre aprieta sus pezoncitos
de ocho años, sin dejar de sostener con la otra su frente y sus ojos ahora entreabiertos.
Quiere correr.
Puede hacerlo.
Entonces se libera.
Corre, dobla en el pasaje, abre la puerta cancel, sube las escaleras
tropezando. Si su papá se enterara podría ser terrible.
-¡LAREPUTÍSIMAMAMDREQUETEREMILPARIÓHIJODEPUTA!
La nena se imagina
un duelo en plena calle, como los que están escritos en sus libros de la
colección infantil. O como los que se
contaba que había en Bollini cuando se llamaba
Pasaje de la puñalada.
Al llegar al primer
piso abre la puerta y busca un refugio rodeando
con sus brazos las caderas de su
madre.
Ella la levanta y
la abraza.
-Sístolediástolesístolediástolesístolediástole.
Sís to le diás to
le.
Sís to l e diás to
le.
Sís
To
Le
Diás
To
Le.
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